Durante el mes de diciembre, estuve en mi primer periodo de prácticas del Máster de Formación del Profesorado, observando cómo era el aula de Lengua Castellana y Literatura y sus contenidos de primera mano. Al ver y reflexionar sobre cómo se explicaban algunos contenidos, de manera abstracta y sin ejemplos cercanos a los adolescentes. Así, esta entrada surge de Niebla (1914) de Miguel de Unamuno.

Niebla […] narra la historia de Augusto Pérez, un joven rico licenciado en Derecho, hijo único de una madre viuda que y sus problemas de amoríos y existenciales que vive al cuestionar su cotidianeidad y al visitar al propio Unamuno, quien le dice que es un ente de ficción.
Como dice el resumen, lo importante de esta novela (o nivola como la llama Unamuno) no es su argumento sino el juego metaliterario. El juego consiste en emborronar (llenar de niebla) la realidad y la ficción y que Augusto Pérez, al hablar con Unamuno, descubra que solo es un personaje más del autor bilbaíno y, por tanto, no hay libre albedrío para él sino que todas sus decisiones son dadas por el escritor que lo ha creado. Unamuno será el dios de Augusto Pérez porque todo es parte de un «plan» cuyo final solo conoce el autor. Sin embargo, Augusto Pérez se rebela contra él y toma su venganza al decirle que él, simple personaje, aunque muera, vivirá tantas veces como sea leído mientras que el dios-escritor no lo hará.
Explicado de esta manera toma un cariz complejo, abstracto y que necesita una gran dosis de reflexión. Sin embargo, será más sencillo de visualizar y entender con algunos ejemplos más actuales que utilizan también esa niebla fronteriza entre realidad y ficción:
Desde la literatura encontramos también Seis personajes en busca de autor de Luigi Pirandello (1921)

Pero donde más desarrollo ha tenido es en el cine y las series de televisión: El show de Truman (1998), Los Simpson en diversos capítulos e incluso en el videojuego de 2007 y montones de capítulos «de relleno» en series como Sobrenatural (2005-2020) o Los bibliotecarios (2014-2018).

Si ponemos ejemplos más cercanos a la cotidianidad y al contexto de los estudiantes no solo comprenderán el funcionamiento de la lengua y la literatura con más facilidad sino que, al mismo tiempo, también les será más sencillo encontrar interrelaciones en la «alta cultura» y las «subculturas» que no son sino otro tipo de manifestaciones de realidades, ideologías y creencias.
