Últimas tardes con Antonio Aguilar

Antonio Aguilar Rodríguez es autor de El amor y los días, El otoño encarnado de Ives de la Roca, Allí donde no estuve y, su más reciente, La noche del incendio. También fue accésit del premio Adonais, lo que lo ayudó en sus inicios, como él mismo comenta aquí. Además, actualmente imparte clases en el IES Marqués de los Vélez de El Palmar.

Entrevistadora: ¿Cuándo empezaste a escribir? ¿Por qué? ¿Siempre quisiste ser escritor? 

Antonio Aguilar: No recuerdo exactamente cuando empecé a escribir, pero sí recuerdo que siempre quise ser escritor. De pequeño me gustaba decir que quería ser poeta e ingeniero, lo que de alguna manera era una doble afirmación de mi deseo de ser poeta ya que no sabía lo que significaba ser ingeniero pero me gustaba su sonoridad. No obstante, me gusta definirme como lector, la lectura y la escritura son mi forma de relacionarme con el mundo.

E: Cuéntanos cuál fue tu primer contacto con el mundo editorial y tu experiencia cuando intentabas publicar tu primera obra. ¿Cómo afrontas el proceso de edición ahora que ya tienes una trayectoria consolidada?  

A.A: Mis primeras publicaciones fueron poemas sueltos en algunas revistas. Recuerdo especialmente la columna que el poeta y periodista Juan Luis López Precioso dirigía en La verdad, bajo un hermoso título, de fortuna literaria, como era Verso y prosa. 

Publiqué mi primer libro en Granada en 1998. Creo que eso te marca. Estaba en el último año de carrera y me presenté a los Premios Federico García Lorca. Mi libro, una colección de 20 poemas, titulado El amor y los días, mereció según el criterio del jurado la publicación. Recuerdo la mañana que cogí el autobús para ir a Granada y asistir a la entrega del premio.  Allí conocí a Luis Muñoz, poeta al que admiraba y que había sido miembro del jurado, después conocí al poeta y novelista Andrés Neuman, a Carlos Pardo, Marga Blanco Samos, Milena Rodríguez y otros escritores que eran de Granada o habían pasado por esta ciudad.

El mismo año publiqué también El otoño encarnado de Ives de la Roca. Fue algo muy especial porque de pronto me encontré con algo que apenas unos meses antes no habría ni soñado, no sólo escribía sino que empezaba a publicar. En 2003 llegó el accésit del Adonáis y luego doce años de silencio.

E: Eres profesor de instituto y, a la vez, escritor. ¿Es la escritura para ti otro trabajo? ¿Cómo compaginas ambas facetas?

A.A.: La literatura es algo más que un trabajo. La docencia también. Las dos se tocan y las dos se enriquecen. No te voy a negar que hay días duros y que eso no te dejas mucho espacio o ganas para la creación. Hay otros intereses en la vida que también te alejan de la literatura pero paradójicamente te acercan porque te mantienen inquieto, pendiente, alerta, y desde ahí, desde la agitación intelectual también se escribe, aparentemente estás en silencio pero las ideas van ya en la cabeza y en cada paseo, en cada momento el germen se acrecienta, no sabes lo que es pero está ahí. Ese momento es mágico.

E: ¿Cuáles son tus principales modelos y referencias? ¿Clásicos o contemporáneos?

A.A.: Soy una persona de gustos muy amplios. Es verdad que tengo unos gustos hasta cierto punto definidos pero procuro mantener despierta mi curiosidad y me gusta conocer las cosas de primera mano. Creo que los clásicos lo son por algo y la formación académica me permitió tener un acceso sistemático, y no por ello carente de pasión, a los momentos fundamentales de la historia de la literatura. Probablemente podría haber llegado por otro camino, pero ese mereció la pena.

E: Hablemos del proceso creativo. ¿Qué objetivo buscas con tus obras? ¿A quién van dirigidas?

A.A.: Nunca lo he sabido con claridad. Tengo respuestas puntuales pero nunca son definitivas. Escribo porque no podría no hacerlo y en última instancia escribo para mí, al menos para cierta imagen de mí que va cambiando con cada palabra.

E: En tu obra se aprecia una mezcla singular de elementos míticos y cotidianos. ¿Cómo definirías tu producción poética? ¿Te sientes representado por alguna línea estética?

A.A.: Me interesa de la mitología esa parte del mito que todavía está viva, que trasciende el dato cultural, una madre que ladra entre los muertos buscando los cuerpos de sus seres queridos y que se metamorfosea en una perra aullando de dolor. Creo que ahí hay una verdad que todavía hoy nos inquieta y eso me sirve para expresarme. Otra cosa diferente es si sé de qué mito hablo, de qué versión, los nombres de las ciudades o las recreaciones plásticas de ese pasaje. Esa parte me interesa pero no me parece esencial. Creo que la cultura tiene la oportunidad de ser incluyente y sé que los perros ladrando en mitad de la noche me inquietan.

E: ¿Con qué autores de tu generación sientes más afinidad? En nuestro mundo interconectado, ¿sigue siendo la distancia del centro peninsular (y editorial) un obstáculo a la hora de difundir las obras?

A.A.: No lo sé. Tengo amigos escritores, amigos lectores, pero no me identifico como creador con ellos. Siento que voy por mi camino, algo propio que necesito recorrer en libertad. Me gusta más la idea de generaciones verticales, líneas que perviven a lo largo del tiempo y que mantienen vivo un sentido de la creación que es el que mi interesa, no el que busca empatar con mis contemporáneos sino con un extraño sentido de la verdad.

E: Tus libros han obtenido algunos premios importantes (“Federico García Lorca”, “Oliver Belmás”, accésit del “Adonais”). ¿Son los premios un aliciente para un autor joven? ¿En qué medida te han ayudado a divulgar tu poesía?

A.A.: Los premios pueden ser un estímulo. En mi caso busqué en ellos un acceso al mundo editorial. Después vino la experiencia de publicar en una editorial como Huerga & Fierro sin necesidad de un premio y ha sido una experiencia muy agradable. La noche del incendio tuvo esa suerte de encontrar a unos editores a los que les interesó. Algunos premios prestigian a la obra y reconocimientos como el de ser el escritor regional invitado del Premio Mandarache de este año ayudan a que el libro llegue a lectores a los que probablemente no llegaría. Eso siempre es interesante.

E: ¿Cómo ves la situación cultural en Murcia? ¿Existe un contacto asiduo entre los escritores y poetas de la región? ¿Qué labor desempeñan las revistas, los recitales, la antologías…?

A.A.: Murcia carece de un tejido básico cultural, algo capaz de dar coherencia a sus creadores, posiblemente existió pero la destrucción ha sido total y sistemática. Hay mucha gente creando, hay proyectos editoriales muy interesantes pero ahí se queda la cosa. 

E: Los medios de comunicación se refieren continuamente a la falta de lectores, al elevado precio de los libros, a las descargas a través de Internet… ¿Cómo ves el futuro de la literatura? ¿Te consideras “apocalíptico” o “integrado”?

A.A.: Apocalípticamente integrado. La fatalidad acompaña a los creadores y no sé por qué. Nadie puede saber lo que va a pasar. Yo leo y me reconozco en mucha gente que también lo hace. El acceso y la experiencia con la cultura de los más jóvenes empieza a ser un misterio para mí pero no desprecio lo que no conozco. De alguna manera estoy expectante, a ver con qué nos sorprende la vida.

E: Dinos qué tres consejos le darías a un joven escritor.  

A.A.: Que sea libre, por encima de todo, que pida consejo, que lea, que vaya al cine, al teatro, que escuche música, que viva, y como decía Hemingway que se enamore, pero por encima de todo que no se venda a nadie, que no permita que nada condicione su creación y que no ceje hasta que lo que haga se parezca a lo que deseaba hacer.

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