Los últimos días (los últimos meses, más bien) hemos visto y oído de todo. Una pandemia mundial, monos que roban en un laboratorio, plagas bíblicas como las langostas asolando Asia y una revolución social en todo el mundo contra el racismo y por los derechos de las personas negras. Junto a esto, la sociedad reclamando arte y productos culturales acordes a los tiempos que corren.
Este primer párrafo sirve así de contextualización del momento en el que escribo este texto. Si no hubiera vivido lo descrito anteriormente, probablemente no existiría esta entrada ni hubiera reflexionado como lo hago ahora. Y es que cada obra de arte, ya sea pictórica, literaria, fílmica, etc. es hija del tiempo en el que se crea y, por tanto, habrá que pensar siempre en esto cuando la consumimos. Y sí, viene a colación de la noticia que saltó sobre la retirada (temporal) de Lo que el viento se llevó del catálogo de HBO para añadirle una pequeña introducción sobre su contexto.

Usualmente, en las novelas, las ediciones escritas de obras de teatro y los poemarios de «los clásicos» viene, al inicio, un prólogo sobre el autor, la corriente en la que se inscribe y su contexto histórico. En el Orgullo y Prejuicio de Jane Austen, en los Episodios Nacionales de Galdós, en El Perro del Hortelano de Lope de Vega o en La metamorfosis de Kafka suelen explicar cómo funcionaba la sociedad de la época, qué tipo de régimen político había en el país del autor, de qué estereotipos hace uso en su obra y por qué. Sin todos estos datos es muy difícil comprender correcta y completamente el teatro del siglo de oro o el realismo, la obra de Kafka o la de Jane Austen.
Del mismo modo ocurre con las series o películas, sino conoces cuándo se escribió y grabó Tiempos modernos, Los Goonies o Lo que el tiempo se llevó no se puede comprender que llamen Gordi y seas sus propios amigos los que le acosen en la película de los 80, que Charles Chaplin rompa las máquinas de la fábrica donde trabaja porque hace referencia al movimiento ludita del siglo XIX o el trato que reciben los pocos personajes negros que aparecen tanto en la novela como en la película. A día de hoy los comportamientos que vemos en estas dos últimas películas es, como mínimo, reprochable pero eso no significa que tengamos que dejar de verlas. Lo que significa es que tenemos que ser críticos con el ayer pero, sobre todo, con el hoy. Debemos comprender nuestro pasado para no cometer los mismos errores en nuestro presente y luchar por cambiar aún más las cosas.
Si al ver una película de los 80 como Los Goonies nos chirría como tratan a personajes completamente estereotipados como «el gordito», «el chino» o «la chica» es porque ya no nos parece normal ni correcto, porque hemos sido conscientes de que eso es acoso, es racismo y es machismo. Cuando se estrenó en 1985 tratar así a las personas era lo habitual y aunque es obvio que está mal ya no es posible cambiar el pasado pero sí podemos conseguir erradicar esos comportamientos que aún hoy nos siguen persiguiendo en la ficción y en la vida real.
Y que ayuden al espectador añadiendo información sobre el momento en el que se escribió (o en el que se encuadra la película o serie si no es la misma) solo puede enriquecerla.
