Las prisas, la falta de tiempo, el cansancio, la desgana, las obligaciones cotidianas… cualquiera de estas razones y muchas otras dan lugar al bloqueo lector.
Un día te levantas por la mañana y te das cuenta de que llevas varios meses con el mismo libro en la mesilla (y ni quieras lo has terminado) o que, tras tu última lectura, no has abierto otro. Es posible que quieras retomar la costumbre, que quieras volver a adentrarte en ficciones y en páginas llenas de tinta pero hay algo que te lo impide.
Bienvenido, eres un lector bloqueado.
Hace algunas semanas, yo misma me sentía frustrada porque no conseguía sacar tiempo ni ganas para leer (lo que es irónico, dado que soy profesora de lengua y me paso días planificando maneras de fomentar la lectura). El trabajo y las oposiciones me dejaban sin energía suficiente como para ponerme a leer más allá de unas pocas páginas y, normalmente, tampoco conseguía concentrarme lo suficiente.
¿Qué cómo conseguí volver a engancharme?
- Dándome tiempo y no obligándome. Leer es una afición, es un placer y no una obligación. Nadie me va a quitar el carné de filóloga o lectora empedernida por no leer.
- Cómics. Muchos cómics y muy distintos (aclaración: dentro de los cómics incluyo las novelas gráficas y cualquier otra obra que use este tipo de lenguaje visual y escrito).

Mi problema era el tiempo y el cansancio. Una novela de 300 páginas era para mí toda una odisea porque, aunque me gustara, requería mucha concentración para no perderme cada vez que retomaba la lectura. Pero… ¿un cómic? Las ilustraciones consiguen que te sumerjas en la historia, sin necesidad de abstracciones y los diálogos y textos suelen dotar de gran dinamismo a la acción, al mismo tiempo que sirven como descriptores de los personajes. Y se leen rápido, por lo que la sensación de haber terminado una lectura después de un mes intentando leer una novela extensa, ayuda a superar ese bloqueo.
Es literatura, literatura de calidad que revisitar cada vez que quieras porque siempre se encuentra algún detalle nuevo, en el dibujo o en sus palabras y literatura que puede hacer que te reencuentres con tu espíritu lector ahogado por las obligaciones del día a día.
Así que dejemos de mirar por encima del hombro los cómics (y las ficciones sonoras, la literatura juvenil o las series y películas de moda) porque todas esas obras son ficción. Como todo, hay mejores y peores (igual que hay novelas pésimas y obras maestras) y todas ellas pueden abrirnos las puertas a la lectura, seamos ya lectores asiduos o noveles.
Y, si queremos fomentar la lectura en los niños y los jóvenes, primero dejemos de creernos mejores que ellos, al igual que creer que nuestras lecturas polvorientas son mucho mejores que las ficciones que ellos comunes (alerta de spoiler: no lo suelen ser) y, después, usemos la multitud de literatura que tenemos a nuestro alcance en todas sus formas.
¿Si el teatro es literatura, por qué no puede serlo una serie, un cómic o una ficción sonora?
