Esta no es una entrada al uso pero, al mismo tiempo, lo es. Siempre pongo ejemplos de series y películas porque es mucho más fácil utilizar referentes conocidos por todos para explicar tópicos, tropos o recursos, es decir, para explicar elementos abstractos. Quizás, de lo que vengo a hablar hoy es lo más abstracto (y a la vez más concreto, más perceptible, más cercano) que cualquier otra cosa: los libros son refugios; son oasis en desiertos llenos de peligro, de obstáculos y de dificultades, llenos de realidad.

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No todos tenemos infancias y vidas perfecta, estoy bastante segura de que muy poca gente las tiene, aunque sean mucho más fáciles que las de la gran mayoría, y cada quien encuentra refugio en algo. En mi caso, siempre fue la literatura. Desde que tengo memoria me he refugiado en los libros (también en otras ficciones, pero la literatura tiene un poder superior a cualquier otra). Recuerdo tener 5 o 6 años, tener el carné de la biblioteca e ir con mi madre a por libros que leer, porque leía demasiado rápido y siempre necesitaba más. Recuerdo hablar emocionada e ilusionada con los bibliotecarios de la sección infantil y juvenil y preguntarles recomendaciones, pero también cómo encontrar aquello que estuviera buscando (aún no sabía la importancia que esta pregunta tendría en mi vida, la importancia que sigue teniendo).
Mis recuerdos están unidos a los libros. Cuando algo malo me pasaba o me afectaba y cuando estaba triste, ahí tenía a Kika superbruja y a Los Cinco y, más tarde, conforme todo se iba complicando a Percy Jackson, a Cath y cientos de personajes que eran mis amigos, mi refugio. Un abrazo cálido y siempre disponible, siempre con los brazos abiertos, esperando a que abriera sus páginas.
No fui yo la primera en encontrar esta apartada orilla, esta escondida senda. Sebastian de La historia interminable ya se había adentrado en el reino de Fantasía; Anne Shirley-Cuthbert de Ana de las Tejas Verdes continuaba las historias que había leído para sobrevivir en el orfanato llenando de una visión literaria todo lo que la rodeaba; Matilda había encontrado su libertad a través de los libros, a través de cientos de historias que eran muy distintas a su realidad pero que, aún así, hablaban con ella y su realidad. Siempre hay una identificación del lector con lo narrado. Sea por lo que se vive o por lo gustaría vivir; por lo que se es o lo que gustaría ser.
La ficción dialoga con el lector siempre, de una forma u otra. La ficción está siempre ahí, estática, esperando a ser abierta, a ser vista o escuchada. No espera nada de vuelta pero siempre está ahí cuando necesitas desconectar, cuando necesitas llorar o reír, cuando necesitas esperanza o cuando necesitas ver arder el mundo. Siempre están ahí, en la estantería de la habitación o de la biblioteca.
La ficción es representación, se quiera ver o no, es representación de lo que fue, de lo que es, de lo que será, de lo que debería ser. Es representación de la realidad por similitud o por oposición. Es representación por mímesis o por alegoría, pero es representación.
Así que aquí estoy, pasada ya la infancia y la adolescencia, siendo una adulta de pleno derecho, y refugiándome en los libros como cuando era una niña pequeña que solo quería vivir aventuras. Los libros son refugio y representación al mismo tiempo y, ahora que vuelvo a estar cansada por el esfuerzo que supone caminar por el desierto, vuelvo siempre al oasis que sé que me espera para recuperar fuerzas antes de seguir mi peregrinación por el desierto.
Y sí, me reconforta abrir ese libro que sé que me va a hacer sonreír y me va a dar esperanzas. Porque sé que Cather no es real, pero ella es rarita, le encanta escribir fanfics, tiene ansiedad, siente que todo le viene grande y, aún así, consigue lo que se propone, a pesar del miedo y las inseguridades que la acompañan siempre, como una sombra. Porque sé que Percy no es real, pero es divertido y tiene un humor irónico con el que combate sus miedos y los monstruos que lo rodean y quieren matarlo. Porque lucha con todo lo que tiene por salvar y proteger a aquellos que le importan. Porque sé que Annabeth no es real, pero es inteligente, fuerte y una chica de armas tomar que no deja que nadie la subestime, aunque, al mismo tiempo, su gran defecto sea pensar en el fondo de su corazón que ella podría hacerlo mejor. Porque sé que Alex no es real, pero verle caminar por un camino que yo misma acabo de descubrir, de tener las mismas dudas, las mismas reacciones y el mismo proceso de aceptación, es todo un bálsamo cuando todo da vueltas demasiado rápido, cuando pierdo de vista el camino, cuando necesito alejarme para tener perspectiva.
Las páginas y las palabras, la ficción en general, tiene poder. Puede ser un espejo liso, cóncavo o convexo, puede ser una ventana a otro mundo pero, sobre todo, es un refugio.
